COLGAR LOS BOTINES





Texto del libro de Wilson Severino, de mi autoría, que NUNCA SE PUDO EDITAR.
(Miguel Ángel Giordano – Escritoriador y #DifusorCultural)

“COLGAR LOS BOTINES”

“RETIRO”, qué palabra fea.
En estos días estoy pensando en el retiro. Estoy bien físicamente y no tengo dolores después del entrenamiento. Me voy a dormir bien, sin molestias en el cuerpo.
Contra lo que estoy luchando, es contra ese pensamiento de cómo será mi vida después del fútbol. Hoy tengo 37 años y me pregunto hasta cuando aguantará mi cuerpo los entrenamientos la pretemporada y todas las exigencias a que me veo sometido permanentemente.
Para mí, el “retiro” es una sentencia muy cruda, como de muerte y la estoy sufriendo mucho.
La pelota siempre va a estar en mi vida, pero cuando te da vueltas en la cabeza la palabra “retiro”, me hace sentir de lo peor.
Yo nunca pensé en eso, siempre creí que era eterno, que nunca me iba a lesionar, que nada haría que me aleje de la pelota o de un partido.
Esto no deja de ser muy doloroso y me pone muy triste pensar en el “retiro”.

Nota del Autor: Cuando le pregunte a Wilson sobre cuál era la palabra que menos le gustaba, dudó un instante y se le llenaron los ojos de lágrimas. Luego, me respondió con lo que está publicado.
Pero lo hizo entrecortadamente, casi llorando.
Yo nunca lo había visto así y se lo dije durante la grabación.
Fue la primera vez desde que nos conocemos, hace ya diez años, que lo vi tan triste y donde todo su enorme cuerpo se aflojó y vaciló.
Dos palabras que lo conmueven: Pelota y Retiro. El principio y el fin de una historia. De “su historia”.



Terminó el partido. Ganó Atlas con un gol de Wilson Severino. Pero qué importa.
Como casi siempre, el “Negro” es el último en irse del vestuario. Con lentitud, con mucha lentitud, vamos hacia las duchas y como un autómata, limpia con jabón su cuerpo color marrón, como la camiseta que defendió durante tantos años.
Se quita la tierra, el linimento y el sudor. La mugre se entremezcla con el agua tibia y cae al piso, como abandonada, luego se escurre en la rejilla y yo pienso que es el propio Wilson quien se está desangrando.
Después, va hacia el banco y seca su cuerpo.
De a poco, se viste y guarda sus cosas en el bolso.
Finalmente, me mira con sus ojos traviesos, pero hoy enrojecidos por la tristeza y me dice: “Se acabó”.
Luego, me toma entre sus manos, me abraza como abraza a sus hijos Joel y Macarena, me da un beso largo, interminable, me acaricia, une los cordones y me deja en el perchero.

Lo veo a Wilson, a “La Pantera Negra”, cómo se aleja, entre la bruma del vestuario y sin mirar hacia atrás.
De mi empeine, ese que hizo gritar tantos goles, se resbalan unas gotas y caen al piso.
No sé si es el vapor de las duchas o son mis propias lágrimas.

Miguel Ángel Giordano – Escritoriador y #DifusorCultural
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